Llevo cinco años yendo a terapia para intentar reconstruirme, ser mejor persona y aprender a cuidarme y mimarme a mí misma. Una de las mil cosas que me gustaría cambiar es convertirme en impermeable a los estereotipos. Pero hoy, para mi desgracia, he podido comprobar cómo se cumplían dos de los topicazos más clásicos de los pueblos: “siempre hay alguien que mira” y “todos callan”. No quiero decir que las ciudades estén libres de estos males: de hecho, gracias a que ahora nos monitorizan por lugares públicos y privados, aunque nadie mire, todo queda registrado. Con lo de callar sucede algo similar: en las urbes, cada uno va a la suya y solo se sienta a hablar, en el mejor de los casos, con sus seres más cercanos -sean sus familiares, amigos o hasta sus peludos-. El resto del tiempo se rige por palabrería banal y complaciente, cuando no por despotricar, desde el anonimato, a través de las redes sociales.
Pero a lo que iba. Hoy, en la colonia, no han aparecido todos los michos. Hicieron acto de presencia dos de los Rodolfos, el pelirrojo Giuliano, Junior y, un poco más tarde, Briguitte. Batman, Calcetines y Judas, tres machos escurridizos que aún no hemos podido esterilizar, llevan varios días sin venir a comer. Entiendo que, siendo época de celo, andarán buscándose a una hembra. Pero lo preocupante es que no hayan venido ni Rosi, ni el tercer Rodolfo, ni el anciano Mino. El caso es que me he puesto a preguntar a algunos vecinos y me han dicho que no sabían nada. He de decirte que, tras 43 años conviviendo con el ser humano, he aprendido a detectar cuando alguien miente.
Soy consciente del debate con respecto a las colonias. Para algunos, tener gatos correteando por la calle o metiéndose en sus jardines y casas, no es nada agradable. Dicen que son como las ratas: una plaga que extiende todo tipo de bichos a sus perros y gatos, y que, además, pueden provocar accidentes de tráfico. Algunos de estos, también temen que sus gatas tengan una camada indeseada. Eso sí, dejan que las mininas se paseen libremente y, cuando se quedan embarazadas, nos piden que ayudemos con las crías. Una colonia existe porque las personas no nos hacemos cargo de las camadas, porque abandonamos gatos por mil razones irracionales y porque no los esterilizamos. Por eso es tan importante aplicar el método CER que, “Querido Diario”, se basa en la Captura, Esterilización y Retorno del animal. Luego, claro, hay que alimentarlos; porque como seres vivos, lo moralmente correcto es que los respetemos y logremos un equilibrio vital para con ellos. Sin duda, es mejor que exista un lugar donde los gatos se agrupen y no que no tengan que merodear.
Pues está claro que, en la colonia a la que acudo cada día, no todos los vecinos piensan igual. Hay uno en concreto que, en su día, en una acalorada discusión que tuvimos, amenazó con “deshacerse” de ellos a su manera. Hoy, ese mismo tipo, calló cuando le pregunté por los gatos “desaparecidos”. Como dice Nietzsche, “cuando tienes algo que decir, el silencio es una mentira”. Me sabe mal decirlo pero, ahora, voy a tener que ser yo la que ejerza como el Gran Hermano de las ciudades, “monitorizándolo”. Si “Siempre hay alguien que mira”, pues conseguiré que alguien hable.
Perdón, “Querido Diario”, hoy se me ha quedado un poco largo pero, a veces, una es incapaz de resumirlo todo en pocas palabras. La próxima intentaré ser más concisa. Tengo que preguntarle a Ana sobre la historia de su gato Tizón. Yo creo que me dijo que lo había adoptado, pero no sé si fue a buscarlo a una Protectora o se lo dio alguien. En fin, lo que escribe esta chica es increíble. Voy a buscar en internet algo más sobre el método CER.